Bienvenidos a mi blog, en el que quiero compartir artículos de interés conocimiento de utilidad relacionado con el campo de la nutrición. Empiezo por una frase que me inspira cada día de mi vida:
Somos lo que comemos, lo que pensamos y lo que sentimos.
Tomar consciencia de esta frase, te va a llevar no solo a elegir un tipo de alimentación u otro, la calidad de los alimentos, aprender sobre micronutrientes como vitaminas, oligoelementos… sino a cuidar todo aquello que puede influir en nuestra salud, y es aquí donde se incluye lo que pensamos y lo que sentimos.
Hoy en día sabemos que estamos compuestos de átomos, moléculas bioactivas que trabajan en sinergia y forman todos los aspectos físicos y biológicos de los seres vivos.
Entonces, ¿en qué puede influir nuestros pensamientos y/o sentimientos en nuestra biología? Todo esto se puede entender muy bien desde el punto de vista de la epigenética, que es la ciencia que estudia los cambios que activan o inactivan genes, sin cambiar la secuencia del ADN. Estos cambios pueden ser a causa de la edad y de la exposición a factores ambientales (alimentación, ejercicio, medicamentos, complementos nutricionales o sustancias químicas).
Gracias a la neurociencia sabemos las áreas cerebrales que se activan con pensamientos positivos, a las reacciones bioquímicas que se originan en función de los pensamientos que tenemos (neurotransmisores que intervienen). Los pensamientos originan sentimientos, y estos son capaces de desencadenar procesos bioquímicos que nos pueden hacer bien o mal a nuestra salud. Por ejemplo, muchas personas hemos experimentado como puedes tener un corte de digestión o incluso vómito al recibir una noticia impactante.
A través de diversos estudios sabemos cuáles son las reacciones bioquímicas que se desencadenan cuando tenemos pensamientos positivos, (amor, alegría, gratitud, entusiasmo…) Y, por el contrario, cuáles son las que se desencadenan por pensamientos que nos hacen sentir emociones como el miedo, ira, rabia…
¿Cómo cuidarnos?… el cuerpo es sabio: escúchale
Para empezar un proceso de pérdida de peso hay que tener en cuenta varios aspectos, ya que no solo es importante bajar peso y volumen, sino que hay que mantener el resultado y para ello es necesario equilibrar el metabolismo celular.
Estos síntomas que a veces normalizamos no tenemos por qué tenerlos si aprendemos a cuidarnos de manera adecuada, buscando nuestro equilibrio interno. Nuestro organismo es sabio, pero necesita que le aportemos los alimentos correctos, de manera equilibrada, los más frescos posibles.
Hay que entender que es real y literal la frase que dijo el padre de la medicina moderna Hipócrates, “Que la comida sea tu alimento y el alimento, tu medicina”. O la frase que dijo Ludwig Feuerbacha, “Somos lo que comemos”.
Esto resume mi manera de ver la nutrición, como un proceso en hacernos conscientes de nuestras propias acciones, pensamientos, sentimientos y motivaciones.
Es aquí donde nace mi nombre o marca personal Alimentación Consciente, porque el momento de elegir lo que comemos, es una mirada hacia nuestro interior, un momento de introspección para observar y analizar nuestras conductas, nuestro estilo de vida, nuestro equilibrio y felicidad.
El secreto de mi éxito: la clave es el metabolismo
Yo siempre sigo el mismo método: un tratamiento que permita recuperar y optimizar nuestros procesos fisiológicos naturales, de esta manera mejoramos nuestro aspecto físico, pero lo que es aún más importante, mejoramos nuestra biología interna: mayor producción de ATP, o energía que producen las mitocondrias, mayor tolerancia al estrés, reducir la ansiedad hacia los alimentos que no son saludables (procesados, de alto índice glucémico, fastfood.)
Por ello yo considero dos aspectos fundamentales:
- el primero sería la corrección alimentaria, es decir dar al cuerpo aquellos alimentos que nos aportan los macronutrientes y micronutrientes necesarios para todos nuestros procesos fisiológicos;
- Y, en segundo lugar, la nutrición celular activa, es decir hacer un estudio para saber que rutas metabólicas están en equilibrio o por el contrario están afectadas por excesos o por defectos en nuestra manera de alimentarnos.
El papel de las células en el proceso de nutrición
Los hábitos de alimentación y la sintomatología del cuerpo son fundamentales para saber cómo se encuentra tu metabolismo celular en momento presente.
Como dato curioso, algo muy común en muchas personas a las que he atendido es ver unos análisis de sangre perfectos y, sin embargo, la persona sentirse cansada, con dolor en diferentes partes de su organismo, apatía, migrañas, bajo tono vital, y un largo etc. de síntomas que nos hacen sentir mal, funcionar a bajo rendimiento y hacernos adictos al café para poder arrancar el día, por citar un ejemplo.
¿Cómo sé qué tipo de alimentación me va bien según el metabolismo?
En este punto muchas personas se sienten identificadas, porque saben que pueden mejorar, aprender a conocerse más y así cuidarse correctamente. Por ello, la alimentación es un pilar fundamental, y algo que hacemos de media tres veces al día, merece mucha más atención de la que socialmente le damos.
Hay que entender que la vida moderna e industrializada nos ha facilitado la vida, pero si no aprendemos qué es lo bueno para nosotros, pagamos las consecuencias consumiendo unos alimentos que no nos aportan los nutrientes de calidad adecuados y, en cambio, nos llenan de conservantes y potenciadores del sabor. Es decir, de productos químicos que debilitan o impiden el buen funcionamiento del metabolismo celular.
¿Qué características tiene un metabolismo simpático en cuanto a sentarle mejor un tipo de alimento?
El metabolismo se refiere a los procesos químicos que ocurren en el cuerpo para convertir los alimentos en energía, y puede estar influenciado por varios factores, como son la edad, el género, la composición corporal, la actividad física y el estado general de salud.
Pero si analizamos las características de este sistema nervioso simpático, veremos que está relacionado con la respuesta del cuerpo al estrés y la actividad física, y puede influir en el apetito y la digestión.
Cuando el sistema nervioso simpático se activa, el cuerpo puede notar una disminución del apetito y una reducción del flujo sanguíneo hacia el sistema digestivo, lo que dificulta la digestión de alimentos pesados o grasos sobre todo por la noche.
Por lo tanto, si se tiene un sistema nervioso simpático más activo, puede ser recomendable evitar alimentos que puedan ser difíciles de digerir, como las comidas pesadas, los alimentos fritos y los alimentos con alto contenido en grasa. En su lugar, se pueden optar por alimentos más ligeros y fácilmente digeribles, como frutas, verduras, proteínas magras y granos integrales.
También es importante prestar atención a las señales del cuerpo y ajustar la dieta según sea necesario para lograr una buena digestión y bienestar general.
Por lo tanto, si vemos que una cena copiosa nos hace tener digestiones pesadas y además después nos afecta al sueño, o tenemos pesadillas, tendremos que hacer cenas tempranas y ligeras, sin demasiada grasa.
Es importante recordar que cada persona es única y que la dieta ideal depende de varios factores individuales.
¿Qué características tiene un metabolismo parasimpático en cuanto a sentarle mejor un tipo de alimento?
Al igual que en el caso del metabolismo simpático, no existe un metabolismo parasimpático específico que determine qué alimentos sentarán mejor o peor a una persona. Como decía, el metabolismo se refiere a los procesos químicos que ocurren en el cuerpo para convertir los alimentos en energía.
El sistema nervioso parasimpático está relacionado con la respuesta del cuerpo al descanso y la relajación, y esto influye en la digestión al aumentar el flujo sanguíneo hacia el sistema digestivo y estimular la secreción de enzimas digestivas.
En general, cuando el sistema nervioso parasimpático está más activo, se puede tener una digestión más eficiente y una mayor tolerancia a alimentos que a priori pueden ser difíciles de digerir, como platos muy elaborados, comidas pesadas o alimentos con alto contenido de grasa, como quesos o embutidos.
Por lo cual, es importante elegir alimentos saludables y variados que sean adecuados para tus necesidades y preferencias, incluyendo frutas, verduras, proteínas magras, granos integrales y grasas saludables en las proporciones adecuadas.
Como dietista, me he encontrado con personas que pueden comer lo que quieran, incluso en la cena, porque nada les sienta mal. Se pueden comer un huevo frito con sus patatas que dormirán a pierna suelta. Esto no les sucede a los que tienen un sistema simpático.
¿Y qué ocurre cuando equilibramos nuestras células?
Este es un proceso extraordinario de nuestro organismo, porque si pensamos en una célula, podemos pasar de fabricar 2 moléculas de ATP por fermentación (glucólisis) a fabricar 36 moléculas de ATP por combustión. Esto marca la diferencia de manera exponencial, porque nuestro cuerpo está compuesto de trillones de células. Aquí está la clave del cambio, en el interior o corazón de las células.
Las claves, por lo tanto, para ayudar a reparar a nuestras células y por ende mejorar el metabolismo celular, aumentar la fabricación de energía y bajar de manera saludable de peso, son:
- Una buena hidratación. Ojo: no todo el mundo es igual y no todos tenemos las mismas necesidades de hidratación. Pero hay que recordar que de forma generalizada nuestro cuerpo está compuesto de un 70% de agua.
- Unos buenos hábitos de alimentación y corrección de las rutas metabólicas. (NCA). Esto es personalizado, ya que somos seres únicos y, por lo tanto, con matices distintos.
- Unos buenos hábitos de descanso. Imprescindibles para sentirnos bien durante el día.
En este blog, iré desarrollando cada uno de estos puntos, para que tengas más información y conocimiento que te lleve a tomar mejores decisiones.



